Caspolinos con efeméride en este año 2021 que se nos va (y II)

ÓBITOS NOTABLES.

         Hace 100 años: Florencio Repollés Bielsa, organista, pianista, tenor, compositor y docente.

Florencio Repollés Bielsa, sobre 1905

            Apenas contaba 48 años cuando falleció en Caspe de forma inesperada, el 21.07.1921. Maestro de capilla de la colegiata de la ciudad bajoaragonesa, dirigió su coro y orquesta sacra desde la temprana edad de los 18 años, declinando tentadoras ofertas profesionales, como una plaza de cantor en la capilla de la Seo o la de músico encargado del órgano del Pilar de Zaragoza. Vocacional de la enseñanza, su cuaderno de alumnos sobrepasó las doscientas fichas y alguno de sus discípulos logró notoriedad al convertirse en habitual en los escenarios del Teatro Real de Madrid o en el Liceo de Barcelona. Además de música sacra, escribió zarzuelas infantiles, bandas sonoras para obras teatrales, fantasías en torno a óperas célebres, serenatas, valses… y firmó partituras de formas y géneros musicales muy diversos: chotis, danzas americanas, habaneras, mazurcas y polcas. Católico reflexivo, fuente de concordia, fue persona culta con bien nutrida biblioteca. Tengo para mí que nuestro artista –mi bisabuelo– era una persona sosegada y, a la par, de ardorosa actividad y espíritu inquieto.

            Hace 500 años: Martín García Puyazuelo, que nació pobre y pastor, y murió obispo y encumbrado.

            Su óbito tuvo lugar el 07.03.1521 en Caspe, donde había nacido. Fue extremadamente longevo para el siglo XVI, ocho décadas vividas sin desperdicio: estudiante en Bolonia, ciudad tan culta como plagada de intrigas; canónigo de la Seo zaragozana, donde amortajó al asesinado Pedro Arbués; inquisidor del Reino de Aragón, es decir, que nadie le tosía; predicador de cabecera de Fernando el Católico (y amigo de su hijo, el arzobispo Alonso); confesor de la reina Isabel, por lo que conocería secretos de estado. Mecenas artístico, escritor, y enviado en misiones diplomáticas al vaticano, atesoró una excelente biblioteca. En Caspe se le tuvo por santo y sobre él se redactaron hagiografías, no exentas de episodios legendarios. Aprendió a leer casi por ciencia infusa y, cuando quizá no contaba ni diez años dejó el rebaño al cuidado de la providencia (ni una oveja se extravió) mientras él marchó andando a Zaragoza, donde fue admitido como infantico en la Seo y, de ahí, disparado al éxito, comenzó a almacenar el currículum. Murió en su casa caspense, rezando de rodillas y con apariencia tan natural que, en un primer momento, se le creyó dormido. Su mausoleo, un monumento que decoró una capilla de la parroquial, fue destruido en la última guerra civil.

Retrato del obispo Martín García

         Y NO SOLO GENTES ILUSTRES.

         Los caspolinos que anteceden dejaron huella y, sin duda, forman parte del parnaso de los ilustres. Pero Caspe también es lo que es gracias a los afanes cotidianos que acariciaron en sus vidas paisanos que fueron queridos, aunque el paso del tiempo les va colocando en el estante de lo transparente. En su honor, y para representar a cientos de anónimos que se han esforzado por el bien común, van unos ejemplos:

            Hace dos siglos, en 1821, el capuchino fray Lamberto de Caspe falleció -junto a otros voluntarios- en la lucha sanitaria sin cuartel que le motivó a viajar hasta Mequinenza para ayudar a los enfermos de una epidemia de fiebre amarilla. Hace cien años, el 22.01.1921, dejó este mundo Felipe Campos García, a quien debemos la plantación de docenas de cipreses en el cementerio, algunos de los cuales todavía lo adornan. Hace medio siglo, el 04.04.1971, Caspe despedía emocionado a su practicante, Hilario Ráfales Navarro, al que llegó a los 81 años el punto final.

Alberto Serrano Dolader

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