Rodrigo Jiménez de Rada, también conocido por el apelativo de «el Toledano», era de origen navarro. Nace en Puente la Reina hacia el año 1170 en una familia acomodada. Su madre, Eva de Hinojosa, era hermana de San Martín de Hinojosa, el que fuera abad del monasterio Santa María de Huerta desde 1162. Era a su vez hijo de Jimeno Pérez de Rada, caballero, de antepasados belicosos y que todavía tomaba parte en las continuas guerras entre los reinos peninsulares.
Los primeros años de su aprendizaje en las letras los lleva a cabo bajo la tutela de su tío Martín de Hinojosa, probablemente en tierras navarras, y bajo la dependencia del prelado Pedro de Artajona entrará en el ámbito de la corte de Sancho VI el Sabio. Alrededor del año 1195 acaba sus estudios en Hispania y, como era costumbre en las familias nobles navarras el mandar a sus hijos a formarse al extranjero, parte hacia Bolonia siendo ya diácono. Allí, además de establecer sus primeros contactos con el clero europeo, estudiará la primera de las facultades eclesiásticas, es decir, la Filosofía, y también estudios de derecho canónico. La segunda facultad eclesiástica, la Teología, la estudiará en París, ciudad a la que solían llegar estudiantes navarros para instruirse.
Humanista, literato y estilista excepcional; conocedor de los clásicos, ya que los cita con insistencia en su Historia Romanorum destacando a los poetas Virgilio, Ovidio, Lucano, Juvenal y Persio. Sorprende su conocimiento de las lenguas, puesto que los cronistas remarcan que en el Concilio de Letrán hará sus declaraciones en latín, inglés, francés, italiano y alemán para asombro de todos. Sabemos que también dominaba el griego, el hebreo, el árabe, el romance y el éuscaro. Durante la campaña de las Navas de Tolosa el monarca castellano le encomienda que trate las cuestiones del orden y del abastecimiento de tropas ultramontanas, pues sólo él conocía la cantidad de lenguas que allí se hablaban.
Entre 1202 y 1204 termina su carrera en París y regresa a Hispania. Al volver hecho un sabio y poseyendo el título de Doctor o Maestro, enseguida pasa a formar parte de la cámara real navarra.
El rey Sancho el Fuerte lo hace privado suyo y patrocinador de la paz con el rey Alfonso de Castilla; el monarca navarro no estaba en guerra pero tampoco en paz, ya que Castilla le había arrebatado Álava y Guipúzcoa entre 1199 y 1201.
Su labor como diplomático consejero al lado de Alfonso VIII de Castilla será muy eficaz y, gracias a él, se irá firmando la paz entre los demás reinos cristianos para, de esta forma, preparar la gran ofensiva contra los árabes. En 1207 don Rodrigo asiste a las negociaciones como un sagaz y activo diplomático entre castellanos, navarros y aragoneses. La unidad de Hispania será unos de sus principales objetivos a lo largo de su vida. A partir de ese momento se convierte en consejero de Alfonso VIII, que no tardaría en promocionarlo.
En ese mismo año 1207 muere el obispo de Osma, Diego de Aceves; Alfonso VIII solicita al cabildo que sea Rodrigo quien le suceda en el cargo, pero no llegaría a ser consagrado puesto que el 28 de agosto de 1208 fallecía Martín López de Pisuerga, arzobispo de Toledo. Antes de que se cumplieran los tres meses que tenía el cabildo para elegir sucesor, lo hizo en la persona de don Rodrigo con unanimidad entre los compromisarios. Su confirmación la firma el papa Inocencio III el 13 de marzo de 1209.
En una bula del mismo año el papa pide al arzobispo de Toledo que anime a Alfonso VIII a ayudar a la empresa que promueve Pedro II de Aragón contra los sarracenos; este será otro de los grandes objetivos de su vida, obtener de Inocencio III las gracias de las Cruzadas. Él mismo las predicará por Italia, Francia y Alemania. Después de la toma del castillo de Salvatierra, defendido por los monjes de Calatrava, se convocan en Toledo unas Cortes para conseguir del sumo pontífice una Cruzada que comprometa a los reyes europeos. Se envían mensajeros por toda Europa para advertir de la necesidad de acudir a Hispania, debido a que los agarenos planeaban arrasar toda la cristiandad. Las misivas fueron gestionadas por don Rodrigo y ya en marzo de 1212 los nuncios estaban de vuelta.
Durante este tiempo sugiere a la vez al rey de Castilla en un encuentro con prelados castellanos, la necesidad de construir una universidad, y facilita todos los medios necesarios para lograrlo. Así pues, bajo su mecenazgo, es escogida Palencia como sede, adonde fueron requeridos maestros de toda clase de facultades de las Galias y de Italia. De esta forma nace en 1208 la Universidad de Palencia.
Por otra parte trabaja activamente en la creación de seminarios para el clero; así, por ejemplo, ordena en 1228 que todos los sacerdotes aprendan latín a excepción de los ancianos.
Don Rodrigo Jiménez de Rada fallece en el Ródano el 10 de junio de 1247, cuando regresaba de Lyón, donde se había entrevistado con el papa Inocencio IV. Éste último le concedió la gracia excepcional de que nadie pudiera ponerlo en entredicho ni excomulgarlo, es decir, una canonización en vida, un reconocimiento a su superioridad moral.
Don Rodrigo es la primera figura intelectual de la Alta Edad Media y reúne las cualidades de guerrero, de hombre de estado, de amigo de las ciencias y de historiador.
Rodrigo Delgado Martín
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