Sender, su padre, Caspe

En septiembre de 1916, José Sender Chavanel, padre del escritor Ramón J. Sender, tomó posesión de la secretaría del ayuntamiento de Caspe. Ya recordábamos este centenario hace unas semanas, pero merece la pena que vuelva a ocuparme de él y añada datos nuevos. Don José permaneció en la ciudad hasta septiembre de 1919, fecha en la que se instaló en Huesca.

Durante su estancia bajoaragonesa, Sender padre se ganó la amistad de las elites locales que se movían en el entorno del eminente político español Ángel Ossorio, diputado por la circunscripción, y rechinó en su roce con los entonces partidarios de Dato, encabezados en la comarca por Rafael Bosque, quien desde posiciones de izquierda ocuparía después el gobierno civil de diversas provincias.

«Hombre dotado de gran capacidad para el trato social» (lo indica Vived Mairal, biógrafo de su hijo), la actuación profesional de Sender Chavanel fue la excusa sobre la que pivotaron no pocas tensiones políticas.

Los tres años caspolinos de la familia Sender, el hijo Ramón José los pasó en Zaragoza y Alcañiz, estudiando y trabajando en boticas (más tarde, lo evocará en jugosos capítulos de Crónica del Alba).

El entonces adolescente escritor ya soportaba unas tensas relaciones con su progenitor, que se mantendrían durante toda la vida («Las injusticias de mi padre conmigo eran tan tremendas como el pedrisco para los pájaros o la helada para los árboles en flor», Libro Amilar).

Ramón J. Sender limitó sus visitas a Caspe a breves temporadas vacacionales. Según su propio testimonio, tardo más de un año en acudir, saltándose incluso las primeras navidades, las de 1916. Pisó el pueblo «cuando agonizaba el año 1917». Quizá, debió de permanecer un par de semanas, porque llevó consigo «algunas contratas literarias de Barcelona, dispuesto a trabajar de veras».

Durante esa primera estancia almacenó recuerdos para redactar ‘Las brujas del Compromiso’. Así tituló un cuentecillo fantástico que publicó en 1919, cuanto tenía 18 años, en un diario de Madrid. En esas cuartillas con aroma romántico, el Sender juvenil creyó vislumbrar el ‘periespíritu’ de las brujas que se refugiaban en el entorno de las ruinas del castillo sanjuanista caspolino, escenario del cónclave de 1412. Allí, entre torreones y mazmorras, habitaban los fantasmas de todas las «brujas que tomaron poder sobrenatural bajo la mano de san Vicente Ferrer, que pudieron vivir siglos y siglos manteniéndose de aquelarres y romances milagrosos», brujas de las que no consta que hiciesen el mal, sino que pasaron sus vidas administrando medicinas y «ahuyentando con bizmas benditas a los demonios».

Alberto Serrano Dolader
Publicado en el suplemento dominical del Heraldo de Aragón, el 2 de octubre de 2010
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