Joaquín Vel: del Boterón a la Argentina

Joaquín Vel Gómez.  Hijo de Genaro Bel Zabay y de María Gómez. Sus abuelos paternos fueron Antonio Bel Falcón y Juana Zabay, y dos de sus bisabuelos, Antonio Bel y Ángela Falcón. Sin duda nació en una de las familias más humildes del pueblo (y digo humilde porque parece más benigno que pobre) hacia 1870/75. Su hermano José Vel (mi bisabuelo) casó con Joaquina Lacruz Mendoza, a quien cortejaría por los corredores y estancias de la casa de sus futuros suegros (José Lacruz Anés y Manuela Mendoza Cirac), de los que era criado. Parece ser que juntaron el “encanto personal” y las “tierras”.  Ambos hermanos, en sus tiempos mozos, no debieron hacer ascos a ninguna actividad que les reportara dinerillo o, incluso, una merienda. Se contaba en comidas familiares que, en ocasiones, habían ejercido de “plañideros” alquilando sus servicios en las casas de los difuntos como ocasionales acompañantes de duelo. Es más, se decía que eran “contratados” hasta en Maella pues debían estar muy cualificados en estos menesteres.

De Joaquín Vel Gómez sólo conservamos dos retratos. Uno de ellos es de militar, sin poder precisar dónde prestó servicio ni en qué unidades (de hecho, tenemos sospechas de que sirviera en el ejército francés) y la datamos en la década de 1890, más bien a finales. Aparece con traje de gala, quepis, y una mirada directa que ya anunciaba cierta tendencia al movimiento. La otra es de paisano, vestido con la elegancia que recuerda a los tiempos de la belle époque y con ciertos aires parisinos. Aquí su mirada ha cambiado entre altanera y escéptica. También desconocemos el momento y el lugar.

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Lo que sí sabemos de Joaquín es que estuvo viviendo en París durante una buena parte de su vida, pero sin apuntar con qué fortuna y a qué se dedicaba, situando este periodo entre 1890 y 1920 (mi madre insiste que cuando marchó a Francia no tenía mucho más de 15 años). Sin embargo, podemos deducir que su paso por aquel país no fue exitoso porque no acabaron allí sus devaneos. De aquella época sólo tenemos un librito de postales de París, algo deteriorado, que nos transporta a un tiempo románticamente lejano. La última vez que visitó Caspe fue en 1922 (cuando mi abuelo José Bel Lacruz tenía 15 años). De aquel viaje la memoria familiar sólo recoge que fueron los padres, hermanos y sobrinos a despedirle a la estación y ya no volvieron verlo nunca más.

Joaquín Bel Gómez

El siguiente paso conocido fue afincarse en Argentina, lo que se supo casi treinta años más tarde, cuando ya se le daba por muerto, al recibir a finales de los años cuarenta del siglo pasado una serie de cartas y fotos (hoy ilocalizables) en las que contaba sobre una vida aventurera (parece ser que también vivió en Colombia), y que residía a la sombra de los Andes  en alguna explotación ganadera de la Pampa. Mi madre recuerda una fotografía en la que montaba un caballo y tenía todo el aspecto de un gaucho autóctono. De este periodo sólo se conserva un sobre, sin la carta, con el ribete de correo aéreo y matasellos de Buenos Aires. Nunca he oído ninguna referencia a posible familia o hijos (primos de mi abuelo), por lo que lo más probable es que no la haya habido.

En 1951 se recibió una última carta (parece ser, de unos vecinos) en la que se comunicaba su fallecimiento (tendría unos setenta y cinco años) y la leyenda de Joaquín se perdió en la memoria de su hermano José. A éste, mi bisabuelo, sí lo he conocido. Vivía en “El Boterón”, perdió su vista en los últimos años, y aún lo veo sentado en la banca, junto a su mujer Joaquina, ambos rondando los noventa, frente a la alcobilla con mirada inexistente y evocando aquellos tiempos lejanos en los que ambos hermanos plañían por negocio y se despedían para siempre en la estación de Caspe. Cuando hablaba de él decía: “mi hermanico Joaquín, el de París de la Francia”.

Y con esta anécdota agoto todo lo que puedo decir de Joaquín Vel Gómez.

Paco Buisán Bel

* Hasta el siglo XX este apellido aparece indistintamente con B y V

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