Las singulares fiestas de Graus: Mojiganga, Furtaperas y demás tradiciones.

Cuando las Fiestas patronales de Graus fueron declaradas de Interés Turístico Nacional en 1973, solo las del Pilar de Zaragoza gozaban de tal distinción en Aragón. Sus actos centrales, entre los días 12 al 15 de septiembre, hunden sus raíces en la tradición secular. Gaitas, albadas, danzas o una particularísima mojiganga convierten a la cita festiva grausina en una celebración singular de destacado interés antropológico. Tanto, que ya ha sido propuesta para su declaración como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco.

Una imagen los protagonistas de la Mojiganga a principios de siglo.

Los actos son en honor del Santo Cristo y San Vicente Ferrer. De hecho, no hace mucho que se celebraron los seiscientos años de devoción continuada al fraile valenciano, que visitó la localidad en 1415. En su estancia regaló al pueblo el crucifijo del Santo Cristo que todavía se venera hoy. Los grausinos han dado sobrado cumplimiento a una frase enunciada por el Santo “Que conserven y practiquen las enseñanzas que les di, que guarden siempre incólume la fe que les prediqué, y que no desmientan nunca la religiosidad de la que siempre han dado pruebas”.

A raíz de la estancia de San Vicente Ferrer en Graus, se creó una Cofradía de Penitentes que se ocuparía del cuidado y el fomento de la devoción de la talla donada por el dominico. Con el nombre de los devocionados, Cofradía del Santo Cristo y San Vicente Ferrer, su concurso ha sido clave para el mantenimiento de los actos principales que caracterizan a unas fiestas patronales que, durante mucho tiempo, corrieron a su cargo.

La imagen del Santo Cristo en el centro y la de San Vicente Ferrer en primer plano.

 La Cofradía guarda con celo la valiosa imagen que desfila por las calles y en cuyo honor truenan los trabucos, se tocan las gaitas o se baila y se danza. Y a la cofradía pertenecen también los gigantes, los cabezudos o los caballez que acompañan a las procesiones y participan en otros actos fundamentales. Se cuenta que la función original de estos personajes era la de custodiar al santo. Pero curiosamente no lo hacen de forma solemne, sino envueltos en cierta algarabía. Molestan a quiénes ven la procesión y realizan todo tipo de travesuras.

Esta forma de actuar de cabezudos y caretas, recoge el espíritu de las antiguas procesiones del Corpus Cristi, cuando a las imágenes religiosas se unían todo tipo de personajes más propios del carnaval y de la fiesta. Es el origen de las llamadas “botargas”, que toman vida en muchas localidades aragonesas. Tradiciones que, aún con cambios, hunden sus raíces en un pasado lejano. Y lo mismo ocurre con los dances y bailes que se interpretan al ritmo de la música más típica, relacionados con las fiestas de fertilidad de culturas milenarias. O qué decir de la afamada Mojiganga, con toda seguridad una reminiscencia de rituales paganos que desarrollaron luego las pastoradas.

Los cabezudos delante de la imagen de San Vicente Ferrer en la procesión

En el llamado “Llibre”, publicado de forma casi ininterrumpida desde 1910, se recoge la programación de las fiestas del Santo Cristo y San Vicente Ferrer. Arrancan el día 12 de septiembre a las 12 del mediodía, con repique de campanas y desfile de carrozas. Y por la tarde llega el primer acto con historia. Los grausinos esperan a los músicos tal y como lo hacían sus antepasados con los míticos Gaiteros de Caserras. La “espera de la gaita” es un acto multitudinario junto al Puente de Abajo, por el que los gaiteros de la actualidad llegan como hacían los de hace un siglo.

Llegada de los músicos por el puente de Abajo.

Tras la llegada de los músicos, toda una comitiva compuesta por los danzantes, las autoridades y el Prior de la Cofradía del Santo Cristo, se dirigen a la casa en la que habitó San Vicente Ferrer y a la capilla del Santo Cristo. Entonces se cantan las primeras albadas, cantos profundamente arraigados en la localidad.

Por allí anda ya el Furtaperas, máscara que identifica a un personaje al que la tradición popular acusa de haber robado peras y que está condenado a estar colgado todas las fiestas de un madero en la fachada del Ayuntamiento. Todo el que quiera puede hacer girar al muñeco, mediante un mecanismo que le permite dar piruetas. Mientras, la máscara del Furtaperas y la del Furtapruns se dedicarán a importunar graciosamente a todos los que se encuentren a su paso y en la mayor parte de los actos.

La imagen del Furtaperas está condenada a colgar de la fachada del Ayuntamiento todas las fiestas.

El 13 de septiembre es el día de San Vicente Ferrer y el 14 el del Santo Cristo. Por las mañanas desfilan las procesiones, atravesando las calles que la tradición estableció hace siglos. La sobriedad alrededor de las imágenes veneradas se mezcla con el ritmo y el colorido de los danzantes o el jolgorio que desprenden los cabezudos, los caballets y las caretas.

En ambas jornadas, una vez finalizadas las misas, los bailes más típicos llenan la preciosa plaza Mayor. Los danzantes interpretan las mudanzas de las espadas con sus particulares atuendos. Seguidamente otros bailadores, ataviados con el traje popular grausino, interpretan el baile de las cintas alrededor de un gran mayo que representa la fertilidad. Estas últimas son coreografías más modernas, introducidas a mediados del siglo XIX. Al contrario que en los dances, cuentan con la participación femenina.

El baile de las cintas con los trajes populares grausinos. Fuente:http://www.fiestasdegraus.blogspot.es

Mientras se baila, en una de las esquinas de la Plaza Mayor, los personajes carnavalescos de las fiestas de Graus no dejan de hacer de las suyas. Las burlas y las parodias intentan distraer al público. De vez en cuando los petardos explotan dentro de sandías, otra costumbre arraigada que pone perdido a quién está alrededor.

Con el baile de las cintas al fondo, los cabezudos no dejan de hacer travesuras. Fuente: Ayuntamiento de Graus

En la noche del día 13 llega uno de los actos más esperados del año: la mojiganga. Los grausinos preparan durante meses este espectáculo destinado a hacer reír e interpretado por todo tipo de figuras extravagantes. Se trata de un juicio bufo, en el que la actualidad local sirve de base para las demandas que consideran unos singulares reyes. Con las peticiones, en muchos casos escritas por los propios vecinos, se repasa de forma irónica y burlesca todo lo acaecido en la localidad.

Tanto la representación como el ruidoso y llamativo pasacalles que le precede, se conocen desde antes del siglo XVII. Su carácter transgresor le ha valido prohibiciones como la que se extendió desde la dictadura de Primo de Rivera hasta el actual periodo democrático. En 1979 se recuperó de nuevo la mojiganga para convertirse en una cita obligada, en forma de espectáculo de altísimo nivel.

La mojiganga es todo un espectáculo basado en las antiguas pastoradas

Para completar las fiestas patronales de Graus no puede faltar tampoco la pllega, bajo el ruido de los trabucos y los palitroques de los danzantes. O el canto de las particulares albadas locales en la madrugada del día 15. Son las últimas piezas de un conjunto singular, que se desarrolla como un bloque unido de claro significado antropológico. En Graus el disfrute se mezcla con la tradición, convirtiendo sus fiestas en un patrimonio único que bien merece una visita.

Los danzantes protagonizan buena parte de los actos tradicionales de las fiestas de Graus

identidad aragonesa

 

Mas información en:

Fiestas de Graus. www.fiestasdegraus.blogspot.es

Ayuntamiento de Graus. www.graus.es

Cofradía del Santo Cristo y San Vicente Ferrer. www.santocristograus.com

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