Psicopatología caspolina (VI): ABABOLES

Seguramente derivada del término latino papayer, que es el nombre que daban los romanos a las amapolas, sirve este sonoro vocablo tanto para denominar a esas flores como a unos sujetos cuyas características parecen estar más o menos emparentadas poéticamente con las mismas. Es una palabra que puede usarse tanto como predicado nominal como para denotar una acción aislada. Se puede ser “un ababol” o “hacer el ababol”.

Si hubiéramos de pensar en cuáles puedan ser las razones de su uso encontramos, en primer lugar, cómo no, el remoto conocimiento que en nuestra tierra ha habido acerca de las propiedades hipnóticas de algunas especies de ababoles. La papayer o adormidera era conocidísima entre los romanos y, casi con toda seguridad, anteriormente a ellos en nuestra tierra, sabemos que la ingesta de opio era habitual entre los ciudadanos del Imperio como modo de aliviar las tensiones. El ababol es pues el sujeto que parece sometido a los efectos de alcaloides opiáceos y anda por ahí más o menos adormilado, con una expresión ausente y en la que falta la vivacidad del vigil. No obstante, si tomamos el tema desde otro lugar, podemos imaginar cualquier bancal de los ramblares en primavera. Junto con los verdes de la hierba aparece desparramado un rojo saturado de ababoles que, además de fotogénico, es capaz de deprimir al labrador más combativo. La substancia de la tierra que ha estado preparando  para su alfalfa u otros cultivos está siendo absorvida por esas llamativas flores que no huelen, no duran, no se pueden llevar a casa, etc.

Vicente Marato, de LQSA, un ababol por antonomasia

Volviendo a nuestro bancal, a nuestra sociedad, también ahi encontramos, como una plaga, un conjunto llamativo de sujetos que , si bien son absolutamente inútiles, sí, por lo menos, se dejan notar y nos recuerdan la generosidad de la Providencia. Si hubiéramos, pues, de buscar un concepto común que nos tradujera de un modo operativo al de ababol, ésta sería, sin duda, el de inútil total.

Me cupo la duda acerca de si incluir o no esta categoría en la picopatología caspolina, primero por cuanto se solapa con muchas de las anteriores, y, después, por cuanto no podemos decir que el ababol padezca lo más mínimo, más bien disfruta del privilegio de una vida parasitaria, pero en tanto son una plaga que todos sufrimos como el labrador de los ramblares, conste aquí esta especie como una de las perjudiciales.

Arturo Alcaine Camón 

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