A unos ojos

Ojos, aunque me matéis
cuando airados me miráis,
miradme como queráis,
como al menos me miréis.

Si no merece mi amor
que aplaquéis vuestros enojos,
miradme por Dios, mis ojos,
aunque sea con rigor.

Que por más que me mostréis
desdenes que tanto usáis:
miradme como queráis,
como al menos me miréis.

No me neguéis esa luz
que cielo y tierra enamora,
porque es para mi la aurora
sin ella triste capuz.

No importa que si me veis,
fieros, injustos seáis:
miradme como queráis,
como al menos me miréis.

Ojos, yo se que de vos,
si me mostráis rigor fuerte,
voy a alcanzar solo muerte,
pero miradme por Dios.

Con tal que en mi fijéis
la lumbre con que brilláis:
miradme como queráis,
como al menos me miréis.

Sé que es mi tumba ¡oh dolor!
fiereza y desdén mostrarme,
mas no verme, no mirarme,
ojos,… creedlo… es peor.

Vedme, pues, aunque matéis,
aunque mi fin decidáis…:
Miradme como queráis,
como al menos me miréis.

Miguel Agustín Príncipe

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