EL GUADALOPE. Evocación, información y justificación para una ACCIÓN

El Guadalope es hoy por hoy como un rio sin fin. Su final natural se ha sustituido por una especie de ano artificial en una gigantesca  operación de fontanería hidráulica. Gente sensible a este despropósito, que el paso del tiempo ha agravado, me pide que hable del río. Otros lo harán del estropicio y de su necesario arreglo.

El agua es vida y los ríos son caminos hacia la vida. El Guadalope es una arteria de 160 Km que vivifica casi 4.000 km2.

En Villarroya de los Pinares, Sierra de Gúdar, en un austero altero sin un pino y muchas piedras hay una surgencia de agua limpísima que si el viento te deja oír las palabras del amigo acompañante escuchas que es el nacimiento del Guadalope. Parece mentira que tan humilde chorro en tan agrio lugar pueda llevar tanta vida y engendrar tantos sentimientos. Una arteria que, según dicen los que entienden -y seguro que no mienten- es el río mejor regulado de Aragón.

Villarroya de los Pinares. Lugar donde nace el Guadalope.

Villarroya de los Pinares. Lugar donde nace el Guadalope

Pues no lo dirán, en lo referido a su último tramo, por Caspe, donde desemboca entre un caos de hierbajos y basura que han convertido lo que debía ser un honorable y elogioso final en algo raro y cochambroso que desdibuja su ocaso, que en justicia debiera ser feliz. El Guadalope es un río sin fin, hoy por hoy poco confesable, una especie de  ano artificial que se ha implantado a una población histórica para solucionar la evacuación de sus residuos líquidos. Si os parece menos fuerte digo que hicieron algo así como una colostomía o anastomosis inhumana con cemento. Y esto se ha hecho abusando de poder y beneficiándose de la buena voluntad y de la ignorancia de los caspolinos. Luego ha sido la funesta propensión que tenemos a no reaccionar. Al quietismo caspolino.

Un río de vida muy generosa muere hoy así: cortado, como amputado,  unos 7 km. antes de su final natural. Trasvasado al embalse en la década de los años 60 con motivo de la construcción del embalse de Mequinenza. Precisamente por donde los moros ya horadaron la montaña con fines similares casi mil años antes, como lección de ingeniería hidráulica avanzada. Pero es que, además, desde el puente del ferrocarril, frente al casco urbano, hasta la urbanización residencial El Dique, lo que queda del río, un chorrillo, discurre en sus últimos tres kilómetros de agonía en un estado más que lamentable. Lo de discurrir es irreal, porque si el río discurriese, o sea pensase, no llegaría al Dique, se suicidaría antes. El olor del agua estancada, así como la poca limpieza y mantenimiento en la zona, han creado como «un pozo infecto». La Asociación de Amigos del Castillo ha emprendido una lucha sin cuartel para convertir la zona en una salida natural de las escorrentías que, aún con envidia de río, volverán a fluir entre lo que deberían ser amenas riberas.

Un "bello rincón del cauce, en la actualidad.

Un “bello rincón del cauce, en la actualidad (Foto: AEM)

Voy a recordar algunas razones por las que los caspolinos aman/amamos al Guadalope y elevan/elevamos la voz buscando soluciones. Hablaré de forma condensada: 1.-  del rio, 2.- del rio de Caspe  y 3.- de mi rio, dicho sea con perdón y con humildad.

1.- El RIO: 

Diez pueblos pondrían un diez a su rio. Los pueblos que mojan sus anhelos al lado del rio son: Villarroya de la Sierra, Miravete de la Sierra, Aliaga, Villarluengo, Castellote, Mas de las Matas, Calanda, Castelserás, Alcañiz, Caspe. La generosidad del rio hace que remanse su utilidad en Santolea (81,6 Hm), Calanda (54,53), La Estanca (6,85), Civán (54,32), embalses nutricios de alimentación y kilovatios de la zona. Y me dejo alguna presa como Aliaga (0,86) y la de Moros (0,50) de la insensible ENHER,

Su amorosa acogida recibe 6 afluentes: los ríos Bergantes, Fortanete, Bordón, Mezquín por la derecha y el rio Aliaga y al Gudalopillo por la izquierda.

El esforzado rio desciende desde los 2.000 m de la Sierra de Gúdar a los 152 de Caspe.

En el Ortelius, mapa de 1570, Primer Atlas de la historia, editado en Amberes y en hermosa edición facsimilar muy recientemente, ya sale con el nombre de Rio Estremo, copiado de otros mapas anteriores editados en Italia. ¿Por qué Rio Estremo?  Algún geógrafo entiende que el nombre deriva de su situación en el extremo en Cataluña y Aragón. Zurita cita en sus Anales (1550-1580) que a la zona del rio Alcañiz Calanda, le llaman “la frontera”. Los romanos quieren destruir por fin a los cartagineses de Asdrúbal Barca y llegan hasta el Guadalope, que seguramente de ahí que se llame Rio Estremo o frontera.

Mediados de siglo XX. El Guadalope a su paso por Caspe

Mediados de siglo XX. El Guadalope a su paso por Caspe (Archivo Gráfico AGG)

Bonitos son los hidrónimos: Pascual Madoz (1850)  dice que el rio había tomado el nombre de un Santuario dedicado a Nrtra. Sra. De Guadalope, nada creíble, en cambio Asin y Palacios y Oliver Asin dicen que proviene de la forma árabe Wadi-lubb , Rio del Lobo,  o Rio de los Lope o lobos.

¡Gran río el Guadalope! El Guadalope, ¡Si hasta tiene un afluente que llaman El Guadalopillo!. Y tiene muchos alicientes y atractivos: Un Llovedor en Castellote, y unos Órganos en Montoro y truchas en Villarluengo, y vírgenes, ermitas y  molinos por todo su recorrido.

2.- El río de Caspe

Es obligado que limite mis observaciones y panegíricos al matrimonio Guadalope y Caspe. Se suele hablar en Aragón del “Padre Ebro”. Caspe es mucho más hijo del Guadalope que del Ebro, aunque cerca pasa.

Ibn Mardanis, o Rey Lobo por los cristianos (Peníscola, 1124- Murcia, 1172), fue el líder militar andalusí que señoreó con sus huestes casi todo el territorio que los musulmanes las denominaron Xarq al-Ándalus, es decir, la tierra situada en el Levante de al-Ándalus. Concretamente mandaba en Caspe hasta 1169, que fue conquistado por las tropas de Alfonso II rey de Aragón. Etimológicamente, muchos autores derivan el nombre de al wadi, Guadal (rio) y Lupus), o sea Rio del Rey Lobo. Hasta en el idioma se suma el latín del imperio con el árabe de la dominación. Nuestro Guadalope debe no solo el nombre sino muchas de sus infraestructuras de regadíos, acequias, azudes, al mundo árabe. Labaña, en 1610, es el primero que lo incorpora en su Itinerario y luego en su primer mapa de Aragón.

¡Cómo no vamos a tener en nuestro genoma, en los 28.000 genes de la secuencia codificada de nuestro ADN algunos, varios o muchos con una fuerte incidencia del Guadalope, y ¡cómo no hemos de acudir a mejorar su salud cuando el rio nos reclama! La historia también nos lo demanda.

D. Antonio Beltrán calcula en el 800 a.de C. la vida de unos 300 habitantes en el Cabezo de Monleón a orillas del Guadalope caspolino. No menos de 30 poblados ibéricos hay estudiados en el entorno del nuestro Guadalope, y recuerdo nada más los poblados de Palermo o La Tallada en los siglos IV- V a. de C. También consta nuestro entorno como escenario de asentamientos romanos como Miralpeix. Los musulmanes, desde el siglo VIII, intervienen decididamente, como he dicho, en los regadíos con la construcción de Azudes (de Los Moros se llama una) y redes de acequias.

El historiador Jerónimo Zurita en  los Anales de la Corona de Aragón, del siglo XVI cita Caspe como “lugar muy principal a las orillas del Ebro” pero insiste en que  la guerra con los moros fue por las Riberas del Guadalope hasta Alcañiz, donde se puso la frontera. Antonio Ponz, Secretario de la Academia de San Fernando, en 1788 en el tomo decimoquinto de su VIAGE DE ESPAÑA señala que “Caspe es Villa grande y que del agua del Guadalope se aprovechan sus vecinos para el riego de sus pingües olivares. Las cosechas de este suelo son de gran consideración en las regulares semillas, hortalizas y regaladas frutas; pero la de aceyte excede a todas… pudiera el dilatado término de Caspe mantener ocho o diez aldeas y muchas casas de labradores dispersas en el…” Quizá guste saber que en 1924 había 17 firmas fabricantes de aceite en Caspe. El agua que dicen incolora, yo creo como Leonardo de Vinci que es azul pero se vuelve verde cuando engendra vida vegetal, y el verde se transforma en oro líquido cuando hablamos de nuestro aceite.

No debe ser casualidad que el periódico más importante editado en Caspe -en cuyo primer ejemplar escribió por ejemplo José Sender (padre de Ramón J.) a la sazón secretario del Ayuntamiento-, se llamase El Guadalope. Este año cumpliría 100 años el semanario caspolino, autodefinido como «independiente, científico, literario, administrativo, defensor de la agricultura y el comercio». Fundado en 1917, salió por última vez al comenzar la Guerra Civil de 1936 habiendo editado 1.010 ejemplares. Durante “los felices 20” hasta los tumultuosos años 30 estuvo en casa y en boca de todos los caspolinos… y el roce engendra cariño. Aún continúa ahora con calidad de Guadiana en el mundo digital de internet.

El río ha sido siempre anhelo caspolino. Nuestros bisabuelos ya nos contaban que  cuando venía a coleccionar votos D. Angel  OSORIO y Gallardo, diputado por Caspe en varias legislaturas, acompañado por su esposa Rosalía, que lucía un gran sombrero de flores y presidía las procesiones de San Indalecio o San Sebastián, decía a los caspolinos “Si me votáis os haré un puente en el Guadalope”.  Le votaron e hizo el puente, que aún está, aunque estuvo a punto de ser demolido precisamente por la operación de fontanería de la que ahora hablamos. Los varios puentes en el Guadalope son, dijo un poeta notorio y notario en Caspe,  frescos abrazos al río.

El Guadalope, el puente de Ferrocarril y, al fondo, Caspe.

El Guadalope, el puente de Ferrocarril y, al fondo, Caspe (Autor: Juan Camón)

Otro hito del matrimonio Caspe-Guadalope fue el Pantano de Santolea, aspiración máxima desde el siglo XIX. Permitiría que el Guadalope llevase agua hasta en verano. En 1903 ya se consiguió el proyecto, que se aprobó en 1908. Las obras comenzaron en 1924 y entró en servicio en 1932. Costó 29 años y  1.433.881,28 pesetas y sobre todo muchos sudores de los caspolinos por conseguirlo. Soñaban con el Pantano, vivían abrazados al Guadalope. Todas las fuerzas económicas, sociales, políticas suspiraban y trabajan por conseguir el pantano. Todos amaban el pasado del río pero sobre todo confiaban en el futuro gracias al río.

Del Guadalope salía la Acequia Principal de CIVAN (del latín cibus alimento), un obra del siglo XVI que traía causa en Fernando I y el Compromiso (privilegio de 18 setiembre 1413), con 53 km de recorrido que regaba 3.850 Ha de fértil huerta. La construyó el Concejo de la Villa quien la regentó hasta 1763 en que cedió y pasó sus facultades a la Junta de Regantes de Civán. Los regantes o vivientes del agua del Guadalope fueron durante siglos una organización paralela y casi con tanto poder como el mismo Concejo. No hace mucho que la sede la Junta estaba en la Cosa Consistorial. El agua del Guadalope era el aglutinador.

La Acequia Principal riega al menos las partidas siguientes: Soto de la Rata, Vuelta del Cañar, Percuñar, Miraflores, Val de Zail, Val de la Cueva, Vado, Fajuelas, Sanchuelo, Villa, Val de Azod, (Capellán), Plan del Aguila, Rigüela, Collado Garcés, Barca, Plano Botero, Pallaruelo, Forca Vallés, Calabazal y Fonté. Del Guadalope salían y salen también dos  acequias, derecha e izquierda, que conformaban unas huertas y huertos a un lado y otro del rio en las proximidades de la población. La sabiduría popular bautizó a los Rimeres, que así se llaman, Rimer de Acá el más próximo y Rimer de Allá al otro lado del rio. Eran Rimer, Sanchuelo, Albanillos, Plana, en la acequia de ACÁ y Rimer, Mochales, Ramblar, Cauvaca y Fondón la acequia de ALLÁ.  Huertas cuyo nombre se canta en el Himno a Caspe y huertas que los caspolinos presumen y llevan en el corazón. Montón de hectáreas, montón de gente, montón de sentimientos, querencias, experiencias y emociones. Estas acequias derivan sus escorrentías al pozo asqueroso cuya regeneración ahora se reclama.

Quien bien te quiere te hará llorar. Quien a orillas del rio mora, unas veces ríe y otras llora. Algún susto ha dado el Guadalope a los caspolinos, como la crecida aforada el 24 de agosto de 1917, ahora hace 100 años,  que llevó diez veces su volumen normal. O la crecida que cuenta Madoz que en  1801 se llevó todos los puentes, o la más reciente que evalúa Antonio Espinosa con 500 m3 por segundo. Todo, todo esto también  hace que le queramos más, porque el dolor y las tragedias unen mucho.

No es extraño que se hayan inspirado artistas, pintores, fotógrafos y músicos en el Guadalope caspolino. Recuerdo poemas de Ginés de Albareda, José  Luis de Miguel, o varios del Romancero Aragonés de Gella Iturriaga, por no decir Mariano Uriol en  la Leyenda Histórica las Ruinas del Castillo, en verso,  que decía que se miraban en el espejo del río o que “radiantes de honor y dicha, bravos y apuestos mancebos, del Guadalope en la margen, justaban en el torneo”. Clareo que era 1877. Lo último dedicado al río, que yo sepa, es la JOTA EL GUADALOPE, compuesta por Luis Nozal. (partitura en Cuadernos de Estudios Caspolinos X)

Y además de todo esto referenciado, lo más importante es que el agua es y sobre todo ha sido buena para el consumo humano. Estudió la potabilidad de las varias aguas que se usan en Caspe Jesús Senante y resultó que la mejor era… la del Guadalope, claro (en Cuaderno de Estudios IV).

3.- Mi río:

Y termino con unos recuerdos personales que no me importa compartir, entre otros motivos, primero, porque se refieren todos ellos a la zona de los Rimeres, camino de la desembocadura, frente al castillo del Compromiso, y segundo, porque seguro que se identificaran con ellos muchos caspolinos.

No era un río navegable, pero si “andable”. Era un placer atravesar el rio, en verano, con las sandalias en la mano. En mi juventud, el rio de mis recuerdos se fundía con el mar de mis sueños. Siempre he sido un soñador ingenuo y defensor de causas imposibles. Quien me iba a decir que ahora estaría soñando por lo pasado en el río por no aceptar su futuro.

Grupo de caspolinos, a orillas del Guadalope, en un día de campo (Col. Amparo Pascual)

Grupo de caspolinos, a orillas del Guadalope, en un día de campo (Col. Amparo Pascual)

En estos tramos el Guadalope no era un río ruidoso, sino dulce y apacible. Utilizo mucho una fase que me encanta. El ruido no hace bien, y el bien no hace ruido, que me recuerda al sosiego del Guadalope que, con su suave pendiente hacia la desembocadura, corría con leve murmullo de agua mansa.

Era para nosotros un espacio de libertad sin piscinas, polideportivos, saunas, spás ni talasoterapia fluvial. Casi ni psicólogos. Y desde luego ningún agente funcionario  protector de la naturaleza. El rio convocaba a los niños, jóvenes, mayores y ancianos. Tenía atractivo para todos.

Entre las generalmente apacibles riberas se escondían pozas de agua o tramos de río aptos para bañarse. Disfrutábamos, con taparrabos o no, en Las Higueretas, el Afilador, el Lapicero y más abajo en La Fontaneta, que era lo más próximo al casco urbano, o más arriba en el Vado. Se llamaba vado, pero en una ocasión pisé en falso, me asusté, me hundía y tragaba agua en cantidad industrial, y emergiendo la cabeza de cuando en cuando decía “¡socorro!”. Los amigos desde la orilla se reían pensando que era broma: “¡este Caballú! Siempre con buen humor”, decían… hasta que se dieron cuenta que la cosa iba en serio y me sacaron. Lo que más sentí y me dolió, aun me duele, es que en el grupo estaba mi casi novia… y que también se reía.

Los huertos eran los remansos familiares de los días más felices. Escenarios de reuniones amistosas y lúdicas y al mismo tiempo yacimientos de excelentes verduras y sensacionales frutas. Mi abuela subía todas las tardes a casa, tras la merienda, con un cesto en la cabeza que parecía la recreación de la Diosa Ceres,  diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Mi familia estaba muy unida al Guadalope porque con sus aguas fabricábamos gaseosas, oranges y “soldaos” y barras de hielo para la comarca.  (A lo mejor gracias al agua y con mucho esfuerzo ganaron dinero para enviarme a estudiar a Zaragoza… y mira con qué poco aprovechamiento). Bueno, y en los huertos empezaron las primeras piscinas, piscinetas… y se formaron muchas parejas, porque al amor no lo enfría el agua.

Aprender a nadar, primeros escorzos amorosos, cañas y cañutos para escupir latones y ginjoles… piedras que se deslizan en el agua saltando rítmicamente, …ranas que se ríen desde dentro de los que queremos apedrearlas desde fuera… el gozo por conseguir un barbo o ver escapar unas madrillas…  Los recuerdos del río se amontonan, y Vds. no tienen ninguna culpa de que uno tenga aunque poca memoria muchos años.

Hemos de luchar no por el río que fue sino por el río que queremos. Lo que ahoga a alguien no es caerse al río, sino mantenerse sumergido en él. Y de esta saldremos.

Con todo lo dicho, con lo cual y sin lo cual… espero que no se queden vds. tal cual…Espero que se hayan quedado convencidos de que hay que ayudar a recuperar el Rio Guadalope en Caspe. No solo es añoranza, es de Justicia.

 

Miguel CABALLU ALBIAC
Ponencia en el Centro Joaquin Roncal, el 7 de febrero de 2017

Posted in Artículos opinión, Colaboraciones, Cultura, Gustosa recomendación, Patrimonio

Los comentarios están cerrados.