La Casa Bosque. Lo único imposible es aquello que no se intenta.

“¡¡Socorro!! ¡¡La casa Bosque se hunde!! ¡¡Hagamos algo!! ¿¡Y si la recuperamos entre la gente del pueblo!? ¡¡Lo que sea, pero algo!!”

Lanzar un grito como este puede ser producto de periodos transitorios de locura por los que pasamos algunos, de tener muchos “pajaricos” en la cabeza, de ser unos ilusos… Puede ser. Pero también puede ser producto del amor por tu pueblo, su patrimonio y su gente y de saber que esto es algo compartido por muchos más.

A uno le sale dar un grito así porque no quiere que pase otra vez lo mismo, porque no quiere ver de nuevo, con impotencia, cómo van desapareciendo y deteriorándose sin remedio los mejores edificios de la localidad. Con ellos se va parte de nuestra historia, de nuestras raíces, de nuestra cultura; pero también, y sin que muchos se den cuenta, se van nuestras posibilidades de futuro y de desarrollo, tanto sociocultural como económico.

sin pie

Perder un edificio así es perder una oportunidad ÚNICA que tenemos AQUÍ, en este pueblo, y no en otros. Porque no en todas partes hay un edificio como éste para poder sacarle partido, para poderlo lucir, del que poder sentirse orgullosos, del que poder disfrutar (sin decir que no haya otros edificios aquí de características similares). También uno se atreve a dar un grito así porque espera que al otro lado haya alguien receptivo, que reciba el mensaje y actué. Y AQUÍ, de nuevo, tenemos otra oportunidad ÚNICA, porque solo nosotros sabemos lo que los caspolinos nos volcamos e implicamos cuando queremos un objetivo común. Porque, por muchas diferencias políticas que haya, cuando hemos creído que debíamos conseguir algo, lo hemos hecho todos a una, sin divisiones.

Con esto quiero decir que ese grito es un llamamiento a la ciudadanía en general, que sería genial si consiguiéramos, por ejemplo, unirnos todas las asociaciones del pueblo en un proyecto común y crear una federación de asociaciones, o incluso una fundación, y que este fuera uno de los muchos proyectos que podrían desarrollarse. Pero también podría ser un proyecto privado o empresarial apoyado por particulares o empresas. O,  ¿por qué no combinar las dos cosas? Pues en el caso de que fueran las asociaciones las que dieran el paso al frente, el proyecto debería autogestionarse, no se puede depender del Estado ni de las subvenciones.

Estamos hablando de emprendimiento social y de buscar soluciones innovadoras y sostenibles a los problemas socioeconómicos que nos rodean. Y ahí entra todo, también la forma de organizarse. Cada vez surgen más experiencias de cooperación y gestión público-privada. Quizá la solución estaría en combinar a los agentes implicados, y que asociaciones, empresas e instituciones colaboraran. Seguro que esta apertura a que todos puedan opinar, aportar y colaborar, lo hace todo más complicado. Sin embargo también lo hace más rico, además de necesario. La inteligencia colectiva que se genera abriendo el proceso así, no tiene precio, todos tenemos ideas que generan otras ideas, y que pueden dar con algo realmente interesante. Se necesita a la vez medir las fuerzas, ver con qué apoyos, recursos y capacidades podemos contar. Y con lo que vaya surgiendo iremos avanzando y todo se irá centrando y encaminando.

Tenemos que ser realistas y no podemos crear falsas ilusiones. Es un proyecto que requiere una gran inversión de dinero. Por tanto, que salga adelante será posible si los que tienen dinero ponen dinero (cada uno en la medida de sus posibilidades), al igual que los que tienen tiempo o habilidades las ponen también a disposición. De hecho, ya se han ofrecido albañiles, arquitectos, pintores, fotógrafos, abogados, gestores, psicólogos (estos últimos como propuesta nuestra, para que cuiden nuestras reuniones cuando estas sean más numerosas). Del mismo modo, algún empresario ya ha propuesto destinar un pequeño porcentaje de sus ventas al proyecto. Es una forma de colaborar, pero también de dar reconocimiento, hacer buena publicidad y seguro que vender más. Otra idea que ha surgido es que los trabajadores también podíamos aportar con el redondeo de nuestra nómina.

En fin, son múltiples las formas que se nos pueden ocurrir para aportar al proyecto, donde por supuesto el mecenazgo o crowfounding se incluye. ¿Por qué no se iba a poder repetir la exitosa experiencia del órgano? Y más si la lanzamos a internet con cualquiera de las plataformas que existen…

Todo esto se iría definiendo en las diferentes reuniones que se pueden realizar. En ellas, uno de los aspectos importantes que tendrá que aclararse desde un principio será la figura de la propiedad. Tendremos que encontrar entre todos cuál puede ser la mejor fórmula para actuar con tranquilidad sobre un inmueble que es de propiedad privada. Contamos con buena disposición por parte de los propietarios, que están abiertos a todo tipo de opciones, incluso regular una cesión del bien. Con sentido común seguro que podemos encontrar algo coherente y justo para todos.

Qué proponemos para este lugar los que hemos empezado a mover el proyecto? Pues un lugar diferente e innovador, que aúne pasado, presente y futuro para nuestro pueblo. Lo llamamos “Centro de dinamización rural”. Podría incluir un museo o centro de interpretación de antiguos gremios u oficios, por ejemplo. Pero a la vez dedicarse a promover la actividad social y el desarrollo económico actual de la zona, y defender así la fijación de la población rural. Sería una adaptación o concentración de los diferentes centros que se ven cada vez más en las grandes ciudades, y que a los pueblos nunca nos llegan. Centros que albergan espacios de colaboración entre empresarios y futuros empresarios, jóvenes y asociaciones. Los llaman laboratorios o semilleros de ideas, incubadoras de empresas, centros de innovación y emprendimiento. En Zaragoza tenemos varios, los principales son de Zaragoza Activa. Sería el primer centro rural de este tipo que habría como mínimo en Aragón, podríamos ser “pioneros y modelo de referencia”, como nos decía el director de uno de estos centros de Zaragoza, al que le parecía especialmente interesante la propuesta.

Podríamos recuperar el edificio enseñando a la vez a estudiantes de escuelas taller o donde hacer cursos de restauración o incluso bioconstrucción, para que sea algo más diferenciado, novedoso y sostenible. Y como actividad económica complementaria, un centro de hostelería en el que nuestros estudiantes de IES Mar de Aragón pudieran complementar su formación, ofreciendo propuestas innovadoras de cursos de cocina, con jornadas de promoción de productos de la tierra, o incluso experimentar e innovar con apuestas interculturales. Creemos que es interesante relacionarlo con los jóvenes de nuestra localidad. Desde el inicio, y en la misma creación del proyecto en sí, se pueden implicar. Ya tenemos estudiantes de arquitectura que van a colaborar con experimentados arquitectos. Estaría genial que se ofreciera algún otro que entendiera de márketing, redes sociales, informática… Podría servir para sus proyectos de fin de carrera o de Máster, y para adquirir experiencia e incluso hacer currículum. Además de hacerles sentirse útiles y ver que pueden aportar también por mejorar su pueblo.

Pero todo esto es solo una propuesta. ¿Cómo te suena? ¿Alguien se anima? ¿Qué propones tú?

 

Cristina Ferrer Rufau

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