Recordando a Miguel de la Quadra

Hoy hace un mes que murió un hombre que marcó la vida de muchos… entre ellos la mía, Miguel de la Quadra Salcedo.

He tenido la suerte de ir a la Ruta Quetzal (ahora Ruta BBVA) en 4 ocasiones, primero como expedicionaria con 17 años y luego como monitora y subjefa de campamento. Para los que no la conozcan, es un programa internacional ideado para unir lazos entre Latinoamérica y España a través de un viaje en el que se mezcla cultura y aventura. Para participar hay que presentar un trabajo sobre una serie de temas. Si eres seleccionado, recibes una beca para viajar durante 45 días junto con otros 350 chavales de 52 países diferentes por Latinoamérica y España (al menos cuando yo participé). Bueno, todo esto sería una “definición objetiva”, pero lo que realmente significa es una EXPERIENCIA en mayúsculas.

Mural homenaje realizado con fotos de gente vinculada a la Ruta

Mural homenaje realizado con fotos de gente vinculada a la Ruta

Miguel de la Quadra fue la persona que ideó el programa y el que lo dirigió hasta hace un mes. Sí, hasta hace un mes él era el que decidía dónde se iba cada año y el porqué de visitar uno u otro lugar. Decía que de los viajes se quedaba con las personas, que a él no le interesaba viajar a la Luna porque ahí no había nadie, y eso trataba de transmitir con la Ruta.

Podría contar mil y una anécdotas de Miguel, muchas de ellas parecen sacadas del Quijote. El día que sabíamos que venía Miguel al campamento, todos (monitores y resto de organización) estábamos alerta, atentos a las nuevas “Migueladas” (así nos referíamos cariñosamente a sus ocurrencias)… Siempre que aparecía era capaz de revolucionar todo para conseguir cualquier cosa para que conociéramos o experimentáramos algo… y el caso es que conseguía, o por lo menos intentaba, cosas como dormir entre las esculturas del Museo Chillida; traer desde Perú para el museo naval un “Caballito de Totora” (embarcación artesana) con nosotros en el avión, habiéndola paseado previamente 20 días por todo Perú; bloquear la Panamericana atravesando dos autobuses para que bajáramos a bañarnos al río Marañón… Siempre llevaba en los bolsillos alguna semilla exótica, alguna piedra, algún artilugio…

No hace falta relatar su vida, que como todos sabemos fue de película, pero deberíamos quedarnos con su humanidad, las ganas de aprender, viajar, de vivir la vida con intensidad. Tenemos que aprender de él algo muy importante: cuanto más lejos nos pongamos los límites, más lejos llegaremos, los alcancemos o no… ¡Gracias Miguel!

Jara Gracia Zafra

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