Carlos Izquierdo, maestro de la Herradura

En una visita al Archivo Municipal de Caspe, en busca de información interesante sobre nuestro pueblo, descubrimos que el 5 de febrero de 1918 el Ayuntamiento, en sesión ordinaria, nombra maestro de la Escuela Municipal de la Herradura “a don Carlos Izquierdo, por considerar que es el que reúne mejores condiciones, ya que así se desprende la documentación presentada, además de las referencias particulares que de dicho señor se tienen (…)[1]“. El dato era relevante, porque la memoria oral no recordaba ningún maestro anterior a Genaro Pallás.                                   

            Seguimos leyendo. Unos meses después, el alcalde, Fulgencio Cirac Zaporta, junto a dos concejales y el secretario de la corporación,  visitan dicha escuela con motivo de los exámenes. “En ellos se patentizó la labor del profesor don Carlos Izquierdo, meritísima, por cierto, a pesar del poco tiempo que lleva al frente de la Escuela, y de luchar con la apatía de algunos padres, poco celosos por la educación de sus hijos”[2]. El entusiasmo es tal que se acuerda, por unanimidad, “se den las gracias al profesor en oficio laudatorio estimulándole a seguir con el mismo entusiasmo que se sigue haciendo la labor comenzada”. Del mismo modo, se expone “la necesidad que existe de que se construya adosado a la escuela un cobertizo en donde se puedan guarecer los niños en caso de tormenta y que no esté la escuela abierta”. Un magnífico maestro, unas instalaciones en vías de mejora, un alumnado presumiblemente muy numeroso y una corporación entusiasmada con la escolarización de sus vecinos. Bien.

            Pero la vida se tuerce, y de qué manera, apenas unas semanas después. En la sesión del 29 de octubre, en el apartado de facturas a pagar, se da cuenta de una “a Felipe Campos por el ataúd para el cadáver del que fue maestro de la Herradura, importante 27 pesetas”. Y unas líneas después se deja constancia del “sentimiento de la corporación por el fallecimiento del maestro de la Herradura, Don Carlos Izquierdo”[3].

            ¿Qué ha podido pasar? ¿Un accidente? ¿Una enfermedad repentina? Mucho peor. Carlos Izquierdo fue víctima de “la gran gripe”, la pandemia  más devastadora de la historia, que solo ese año, 1918, mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Y en Caspe no debió pasar de puntillas, porque en la misma acta se hace constar “que en atención a las tristes circunstancias por que está atravesando la ciudad con motivo de la epidemia gripal reinante, se supriman las ferias que anualmente se celebran en esta ciudad y que se haga saber al vecindario por bando y en el Boletín Oficial conocimiento de los forasteros que de ordinario asisten”[4]. Y en la sesión de la semana siguiente se hacía hincapié en la decisión de pagar el féretro y el sepelio del maestro, así como se concedía “gratuitamente el nicho número 40 para la inhumación de sus restos[5].

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            La curiosidad nos roe los tobillos, de modo que cogemos el coche y nos acercarnos en ese mismo instante al camposanto caspolino. Entendemos que un enterramiento del año 1918 debe corresponder a la manzana 1, la más antigua, aquella en la cual pueden verse lápidas a caballo entre los siglos XIX y XX.  El nicho 40, en la fila superior, se nos muestra herméticamente cerrado, pero sin ninguna lápida o inscripción que ayude a saber quién o quiénes descansa(n) allí. La superficie rugosa de su tapa invita a pensar que no se ha tocado en muchísimo tiempo. Volvemos al Ayuntamiento. Con los dedos en aspas preguntamos al funcionario encargado del registro de cementerio si es posible saber quién está enterrado en el nicho 40 de la manzana más vieja. “Espera a ver, cariño”, nos dice, mientras regirá entre unas fichas ya de papel sepia. “Tomad nota: allí está Carlos Izquierdo Herrero. Fecha de inhumación: 21 de octubre de 1918. 25 años. Soltero”. Días después, en el juzgado caspolino, descubrimos que el finado era “hijo legítimo de Gaspar, ignorándose la madre, natural de Aguilar (Teruel)”[6].

Carlos Izquierdo, en el centro, con sus alumnos de la escuela de Belchite, su anterior destino  (Col. Gaspar Izquierdo)

Carlos Izquierdo, en el centro, con sus alumnos de la escuela de Belchite, su anterior destino (Col. Teófilo Izquierdo)

            Así que allí sigue. Casi cien años después. No nos resulta difícil imaginar la ilusión del joven al acceder a su plaza de maestro, ni su tesón por educar del modo correcto al nutrido grupo de niños que tendría a su cargo. Puede que para entonces hubiera decidido echar raíces aquí, con nosotros. Puede incluso, quién sabe, que su rostro se turbara cada vez que una joven herradurana fuera a recoger a su hermano. Algún día, piensa para sí, tal vez reúna el valor suficiente para pedirle que baile en una de esas improvisadas verbenas que a la luz de un tedero tenían lugar en el Soto, en la Malamaisón o en la Rebalsa. Puedo que, si una terrible enfermedad no se hubiera cruzado en su camino, sus nietos o sus bisnietos correrían hoy por las calles de Caspe. Quién sabe. Todo eso son conjeturas.

            Lo que no es conjetura, sino realidad tangible, es que la cofradía de Santa Bárbara, patrona de los herraduranos, quiso homenajear a su profesor y costeó una placa para su nicho, en la que dice:

CARLOS IZQUIERDO HERRERO

21 DEL 10 DE 1918 A LOS 25 AÑOS

LA HERRADURA EN RDO A SU MAESTRO

            Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Roque Frau


[1] Acta de la sesión Ordinaria del 5 de Febrero de 1918. Archivo Municipal de Caspe. Caja 30. Tomo 4, página 68v.

[2] Acta de la sesión Ordinaria del 8 de Junio de 1918. Archivo…, p. 88v.

[3] Acta de la sesión Ordinaria del 29 de octubre de 1918. Archivo…, Tomo 5, página 15v.

[4] Ídem op. 4, pp. 16 y 16v.

[5] Acta de la sesión Ordinaria del 5 de Noviembre de 1918. Archivo…, Tomo 5, páginas 16v y 17

[6] Archivo Judicial. Registro de defunciones. Tomo 45, ff. 178 y 178v.

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