No hay quinto malo

Bajo ese lema nuestra asociación lleva un par de años preparando el siguiente número de la exitosa colección Tedero. Seguimos recorriendo la inmensa huerta caspolina y deteniéndonos sobretodo en aquellas partidas que tuvieron escuela rural. Su en el número 1 Josefina Rufau nos enseñaba la Herradura, en el 3 era Mari Carmen Abadía la que nos acercaba a Miraflores, y en el cuarto era José Ballabriga quien nos descubría Fonté, en esta nueva publicación nos detenemos en la huerta y escuela de Cauvaca, artísticamente la más interesante de las cinco escuelas rurales que daban servicio en Caspe durante la primera mitad del siglo XX. Lamentablemente, el Embalse de Mequinenza se la tragó. Pero antes de que ello sucediera sus piedras desaparecieron.

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En torno a la escuela giran multitud de historias de sus vecinos, varias familias de caspolinos que concibieron aquella huerta como un pequeño Edén. Tierra enormemente fértil, cercanía al pueblo, mucha agua, ganas de vivir en Paz. Hablaremos de cómo era la vida allí, de cuáles eran los miedos, las amenazas, las relaciones entre los vecinos, etc.

No sólo abordaremos la huerta de Cauvaca; hablaremos también de otras partidas lindantes, como el Fondón, el Ramblar, Mochales, el Soto de Tarragó, el Soto de Vinué, Ceitón, etc.

El 30 de julio termina la fase de recopilación documental: fotos, testimonios, documentación… Todo puede ayudarnos a hacer un trabajo más interesante. Si os apetece colaborar, contactad con nosotros en castillodelcompromiso@gmail.com

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